Empecé este blog con 16 años y otro nombre (Dime que series ves y te diré cómo eres). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión, pero más tarde amplié el contenido a todo aquello con un mínimo de ficción, incluso la propia vida. Decía Susan Sontag en Contra la interpretación que «en las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar». Pero Carrie Bradshaw también decía en la excelente Sexo en Nueva York: «No pude evitar preguntarme».

lunes, 15 de junio de 2015

Alberto Rey, de columnista de series de TV a escritor de literatura femenina


David escribe novelas de segunda fila (y alguna otra cosa más) cuando recibe un encargo muy particular: fabricar a la protagonista perfecta. Y con la ayuda de cinco mujeres reales ---una escritora, una editora, una productora de televisión, una ministra y una actriz---, ha llegado hasta Amanda.

Sin embargo, les ha salido de todo menos perfecta: incoherente, neurótica, frívola y bastante mentirosa. ¿Un fraude? Depende de cómo se mire. ¿Un insulto? Eso creen algunos. ¿Una chica como tú? No, eso no. O a lo mejor sí.
Alberto Rey (@Albertoenserie) escribe en muchos sitios y de muchas cosas, pero sobre todo de televisión en su columna Asesino en serie de El Mundo. Ni rubia ni pelirroja es su primera novela y Amanda Tejedor su primera heroína trágica.



Ni rubia ni pelirroja (ediciones martínez roca/Planeta, 2015) es la primera novela de Alberto Rey, más conocido en Internet y la blogosfera seriéfila española como @Albertoenserie en twitter o Asesino en serie, título que da nombre a la columna del periódico El Mundo donde su afilada escritura, según su carta de presentación, “disecciona las series que pueden verse en todo el mundo desde su mordacidad habitual”.

El columnista afirma haber escrito “muchas cosas intensas” bajo su nombre y pseudónimos por lo que en un principio la propuesta de escribir una narrativa más comercial –más cercana a sus artículos- le pareció un insulto. Sin embargo comprobó que se le daba bien y que además trabajar una primera novela para una editorial tenía más pros que contras. “Sé que no es la manera habitual en la que un autor le gustaría hablar de sus novelas pero a mí me ha gustado mucho trabajar así”, confiesa, enumerando una serie de ventajas como por ejemplo el tener un encargo previo, un contrato, un editor que apruebe o rechace el material escrito o la seguridad de que se publicará. Según él, estos condicionantes “tranquilizan mucho el ego”.

“He tardado en escribir el libro ocho, nueve meses” declara el autor, quien reconoce no haberle dedicado todo el tiempo debido a la naturaleza ligera de la novela. “Yo escribo muy rápido, tiro bastante poco material”, señala Rey, quien desconoce si es porque lo tenía claro esta vez o porque había unos plazos que había que respetar y en ningún momento se planteó no llegar. Confiesa haberse documentado poco pues, según él, “la gracia de que algo sea ligero no es sacar ahí la documentación y aparte he tirado de cosas que ya sabía y de inventarme una historia”.

Con respecto al lanzamiento de Ni Rubia Ni Pelirroja en papel y no exclusivamente en formato ebook, Rey señala dos motivos: contar con una editorial y el morbo de ver su libro físico en las librerías. “Es muy raro que a alguien al que le gusta leer, no sea fetichista de los libros”, apunta. “A lo mejor es una idea preconcebida, absurda e insultante pero me da la sensación de que el ebook puro pasa por menos filtros, entonces valdría cualquier cosa”. Según el escritor, este tipo de literatura “más frívola” es de los pocos géneros que todavía se venden.

La razón de ser de Ni rubia ni pelirroja reside en que sus historias son clichés y lugares comunes que ocurren muchas veces en la vida real. “La televisión es como la política y la moda; la podemos tener muy mitificada pero al final es gente normal que hace cosas normales”, declara. Con esta novela, Alberto Rey quería contar lo rápido que es el mundo de la televisión y la rapidez con la que se toman las decisiones “porque a veces la gente se sorprende de la velocidad a la que ocurren las cosas en los medios de comunicación y más concretamente en televisión donde hay tres factores que la gente no habla de ellos e intenta pasar por alto porque no es cómodo ni políticamente correcto: la juventud, la belleza y la suerte. Son fundamentales para la televisión y es lógico que así sea”.

“Con la novela terminada, creo que es una novela que tiene un punto femenino, no sé si por el tipo de personajes o sencillamente porque las que más leen son las mujeres. “Toda la literatura acaba siendo femenina porque la mayoría de los consumidores son mujeres”, declara el escritor, quien nunca se paró a pensar en públicos objetivos. Si pensó y se dio cuenta de que tenía una tendencia altísima a describir a los personajes femeninos con determinados atributos que no les aportaban nada y a los masculinos convertirlos en “performativos” [describía lo que hacían]; de ahí que optara por reducir la adjetivación.

A colación de la omnisciencia del narrador, Alberto Rey considera que “eso no puedes evitarlo. Es lo mejor que se te da, lo más rápido que haces, con lo que más seguro estás”. Según él, todo el mundo tiene una voz propia, el problema es que a la mayoría de la gente no le suele gustar la que tiene y se esfuerza en buscar/fabricarse una voz que no es la suya. “Las cosas que hace el narrador en mi novela no tienen nada que ver conmigo en absoluto pero las cosas que piensa sí. Creo que lo hace coherente pero pierdes la posibilidad de fabricar un narrador más interesante que tú”, aclara. “A mí no me disgusta mi voz”, se enorgullece.

Según su máximo responsable, Ni rubia ni pelirroja “es entretenida, se lee rápido, y es buena para una playa, una piscina o para un trayecto en avión no muy largo pero tampoco muy corto. Tiene una portada muy bonita y se puede regalar muy bien. Da el pego como regalo. Y letras grandes”. Alberto Rey empezó a escribir muy joven pero a publicar mayor. No está para tonterías. Tiene el ego muy cubierto por otros lados. No necesita esto. No es un poeta de veinticinco años en la universidad. Está súper contento con que la gente lea sus artículos, con que se los paguen y con que le hayan encargado una novela y les haya gustado. Está encantado.

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