Empecé este blog con 16 años y otro nombre (Dime que series ves y te diré cómo eres). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión, pero más tarde amplié el contenido a todo aquello con un mínimo de ficción, incluso la propia vida. Decía Susan Sontag en Contra la interpretación que «en las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar». Pero Carrie Bradshaw también decía en la excelente Sexo en Nueva York: «No pude evitar preguntarme».

domingo, 1 de septiembre de 2013

Morir de tanto amor

Sin spoilers | Por fin he visto 'Lucía y el sexo' (Julio Medem, 2001) y las expectativas han jugado a mi favor. Su director ha vuelto a emocionarme. A enamorarme. A disgustarme. A hacerme fantasear. A irritarme. Si ya con 'Los amantes del círculo polar ártico'(*), la sensación tras verla fue un cúmulo de sentimientos encontrados, con ésta, mi percepción de su cine se ha radicalizado en cierto modo: las virtudes continúan siendo virtudes pero los defectos pesan más. Y aún así la recomiendo fervientemente por contener algunas escenas tan poderosas tanto a nivel emocional como visual que se quedan en las retinas del espectador tras varios días. Y no se van fácilmente.  Dos horas de largometraje en las que uno contempla como las vidas de sus altivos personajes se entrelazan de forma trágica y un tanto estrambótica sin ser ellos conscientes. De nuevo Medem hace uso de las casualidades pero esta vez añadiendo un poco de fábula y magia. Y por supuesto que defiendo el alto voltaje sexual del largometraje; es esencial para explicar todas y cada una de las motivaciones y reacciones de los personajes. Quizás yo también debería ir a Formentera. A descansar. A desnudar el ruido de mi mente y mi cabeza.


"Siempre me gustó la gente que cuenta la vida a su manera."

(*) Una de mis pelis favoritas de todos los tiempos.

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